Manuel y Sofia, aún amándose con sus cuerpos inquietantes, estaban destinados a sólo un instante y ser separados por la desdicha de un encuentro amistoso. Leonor, amiga de Sofía, vio primero y sin intención en Manuel la más agradable de las habilidades, ya que en él se encontraba la empatía hacia el otro. ¡ Oh, Manuel, en ti está la desdicha de elegir a la que primero ama y no a tu corazón!
Cuando Leonor mostró a Sofía entre ánimos y esperanzas a Manuel, Sofía cayó en el peor abismo de las pasiones estrictas porque ese amor a primera vista no podría concretarse ante una amistad perenne.
Un día, sin aviso, el destino juntó a dos amores e infieles ante la presencia de Leonor, se besaron en el caos de calles sin saber la fatal desdicha que eros ante la amistad tendría porque desde aquel día Manuel dejó de creer en el más puro de los sentimientos y la inseguridad de Leonor ante el deseo, se volvió una piedra alzada ante el pecaminoso amor de Sofía.
Francisca Castro
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